Turqouise marilyn

Turqouise marilyn

viernes, 10 de octubre de 2008

Le Mat Revolver

La gente se apresuraba para ver la novedad del pueblo, habían sido varios años atrás cuando una novedad así les había cambiado su manera de vivir. Años atrás cuando los padres eran hijos y los abuelos padres, un forastero les había traído la rueda, la cual dejo estupefacto a todo hombre en el pueblo, los años pasaron y ningún otro forastero se atrevió a llegar hasta el pueblo, tal vez porque en los mapas no se encontraba, ni había un camino para llegar a este, la gente evoluciono. En sus carretas podían transportar mas cosas y después de todo pudieron inventar mas cosas relacionadas con la rueda. Todo había mejorado pero aun así nuestros abuelos seguían sufriendo de lo mismo que sus abuelos y que nosotros y no solo era el maltrato por los pueblos de afuera, ni la llegada de un nuevo niño perdido, que mas que un sufrimiento era una bendición, pues ellos y todo aquel que cumplía las características para vivir en el pueblo no podía reproducirse y si alguien de afuera se enteraba, el padre y la madre junto con la vida del feto serian sacrificadas, eran de las pocas condiciones que les pedían a los ancianos para que pudiéramos vivir. Según las leyes del pueblo cada vez que llegaba un niño perdido tenían que encontrarle una familia, le tocaban los padres que menos se parecieran a el y los padres no podían decir nada, unos tenían una docena de hijos y otros apenas con uno o tal vez ninguno. Nadie se preocupaba pues su división de labores era bien organizada y nadie sufría de hambre ni de alguna necesidad básica. Pero para seguir con lo que decía tengo que aclarar que es lo que nosotros sufrimos. Al igual que nuestros ancianos no podíamos salir de noche, no por que nuestro alumbrado publico a base de gas no funcionase sino que teníamos miedo. Miedo de los animales que asechan, miedo a la gente que no tiene cultura ni tecnología, a esos forajidos y también miedo a los hombres del futuro, bueno a los hombres con conocimiento. El mayor peligro al salir de noche era que un animal nos ataque, así fue como perdí a mi hermano recién llegado, se lo comieron y solo encontramos su cabeza de 7 años rasguñada de arriba abajo y ya ni te digo lo que paso a mi cuñado y a mi hermana, los que no tienen tecnología se los llevaron para un sacrificio, nos los dejaron al día siguiente en el centro sin corazón y sin sangre, nosotros sin defendernos y ellos que viven en completa armonía.

Un caballo se acercaba a lo lejos por la parte sur del pueblo la cual colinda con el desierto, se podía observar la figura de un burro pero mas grande (que mas adelante nos enteraríamos que se llama caballo) cargaba a alguien, una persona alta de ojos verdes y de cabello pelirrojo, en el pueblo todos empezaron a hablar y con ánimos lo recibieron como si fuera el Papa Noel que jamás los visito, llenos de sueños. Si no todo el pueblo la mayoría estaba ahí, excluyendo a los viejos porque no podían caminar, camino entre la gente hasta llegar al centro del pueblo y pregunto -¿en que pueblo me encuentro? Ya que no vi ningún letrero de camino aquí- todos se callaron, nadie quería contestar por temor al miedo –entonces, ¿Dónde puedo obtener una buena siesta y una buena y caliente comida?-. Un hombre grande con voz de grave contesto –te encuentras en Lefty y en mi casa puedes descansar y comer gratis- el hombre se dio media vuelta y aun viéndolo se dirigió a su casa, el hombre a caballo lo siguió –tu mula la puedes poner en el establo junto a las mías y después puedes venir a comer- le indico el dueño de la casa –caballo, señor. Se llama caballo- con una cara de ofensa le respondió después de un breve silencio – yo no pregunte el nombre de tu mula solo te dije que la llevases al establo y que le des de comer- el hombre desconcertado se dirigió al establo sin pronunciar una palabra mas, regreso en unos minutos para comer, la mesa estaba puesta. La cuchara y el cuchillo del lado izquierdo y el tenedor del lado derecho, el vaso lleno de agua se encontraba arriba de la cuchara, al sentarse todos se tomaron de la mano e hicieron una fría oración. Al finalizar tomo la cuchara para devorarse la sopa y no pudo evitar cambiar de mano este utensilio. Se devoro la sopa, el señor junto con su mujer y sus dos hijos –uno negro y otro amarillo-lo observaron con asombro, jamás habían visto a alguien como el y estaban seguros que no lo volverían a presenciar. Terminada la sopa tomo el cuchillo pero no pudo -otra vez- evitar cruzar la mano derecha al otro extremo por el cuchillo y luego cruzar la izquierda por el tenedor. Termino su comida y se disculpo de la mesa, todos atónitos por su habilidad y naturalidad no contestaron y dejaron que se fuera y saliera a caminar por el pueblo. Aquí es donde entro yo, me encontraba en el parque principal enfrente de la iglesia cuando lo vi por segunda vez, emocionado corrí hacia él pero mis otros amigos hicieron lo mismo lo cual me quito originalidad. Me pare enfrente de el y extendí mi mano al mismo tiempo que pronunciaba las palabras -¡mucho gusto!- por instinto extendió su mano y luego ambos cambiamos de mano y de nuevo con una risa en la cara el mantuvo su mano en el aire mientras yo encontraba la adecuada -¡mucho gusto!- contesto con un tono de alegría, mis amigos hicieron lo mismo pero cuidando su manera de saludar. Empezamos a platicar de su vida y de los otros pueblos y ciudades, de su esposa y de su hija. Así pasaron unas cuantas horas y justo antes de que el sol se ocultase las campanas resonaron una y dos, tres y cuatro, cinco y seis. Después de la sexta campanada el padre grito -¡a sus casas! ¡Todos a sus casas!- el hombre no entendía que era lo que pasaba y nosotros no teníamos el tiempo de explicarle, solo podíamos correr hasta nuestras casas sin ninguna escala. Y ahí lo dejamos, en medio del parque solo y sin información, podía conocer mas cosas que nosotros pero en ese momento no le servían de nada ¡corre! Le grite antes de llegar a mi casa, no se si me haya escuchado pero lo grite con todas mis fuerzas ¡corre! ¡corre niño estupido! ¡corre!

El silencio abrazo al pueblo y sus casas, se escuchaban los jadeos de los animales que pasaban por enfrente de mi puerta, mis padres tenían cara de susto, yo no podía pensar mas que en el pobre forastero que lo habíamos abandonado a su suerte. Mi sopa se enfriaba y no podía comerla, sentir esos pasos fuera de la puerta me perturbaba, haber dicho ¡corre! No me reconfortaba en nada. El silencio acompañaba a la luna y las cuatro patas del animal se escuchaban cuando pisaba y buscaba a su victima. Se escucharon unos gritos intentando ahuyentarlo, fue inútil. El gruñido del animal fue de ataque, por un segundo todo el pueblo dejo de cenar e imagino lo peor, con la cara perdida se miraron mis padres el uno al otro. Luego se escucho un sonido, un sonido jamás escuchado por mis oídos o el de nadie, un sonido tan fuerte que pudo haber levantado al mar o al sol, luego un gemido. Otro sonido idéntico al pasado y el gemido seso, las campanas sonaron de nuevo- cosa rara después de la caída del sol ya que no sonaban hasta el día siguiente- una y dos, tres y cuatro, nueve y diez, trece y catorce. Todo el pueblo salio de sus casas con temor, las campanas seguían sonando, -hermanos miren eso, señalando al forastero, lo que el hombre hizo- y justo antes sus pies un ensangrentado animal del tamaño de un búfalo y de colmillos como un león, en su mano un revolver, que todavía sacaba humo de la pólvora. El pueblo se reunió para festejar la muerte y a su salvador, la primera fiesta de noche que los abuelos podían festejar desde que habían nacido. Los excesos no faltaron como en toda fiesta pero el exceso de miedo no estaba por suerte, fue esa misma noche que el forastero que creo se llamaba John dejo apalabrada su revolver después de un juego de naipes, la dejo apalabrada al pueblo mismo –hoy les puedo prometer que aunque mañana yo me vaya esta pistola se queda a defenderlos y con suficientes balas para disparar dos años seguidos una bala por día- fue a el cuarto donde se hospedaba y trajo una caja amarrada –traigan un cuchillo para abrir esta pendejada- después de un rato le traje unas tijeras con cara de felicidad ya que era mejor de lo que había pedido, no podía agarrar bien las tijeras que le lastimaban los dedos y termino por dármela, yo sin dificultad las tome y corte la cuerda que lo amarraba, era una caja llena de municiones para la pistola –lo que les prometí- y siguió tomando alcohol hasta las cuatro de la mañana que se paro a su “casa” y no pudo entrar por que no encontró la perilla de la puerta. Se dirigió a la iglesia y le paso lo mismo, durmió afuera de la puerta lateral de la iglesia.

La iglesia no tenia función como tal pues nadie iba a ella a orar o a tomar misa, el único que creía en ella era el mismo padre pero por que el era el encargado de los del futuro para supervisar a los del pueblo y gobernar. El “padre” solo era un titulo para la gente pues ellos daban gracias de no tener religión y lo único que les pedían los hombres del “futuro” era que dieran las gracias antes de comer y que obedecieran al padre.
Fuera de la casa y la ropa, todo era de todos incluyendo esta nueva adquisición, nadie era celoso, así que el padre se tuvo que poner de acuerdo en dejar el revolver en el centro del parque bajo el techo del quisco. Nadie pudo alegar diferente porque nadie lo deseaba diferente, su método de llegar a un acuerdo siempre era muy eficaz y rápido, pues siempre buscaban el bien común antes que el personal, nadie tenia mas voz ni voto puesto que nadie tenia mas dinero ni estatus social ni siquiera un arma. El arma y las balas se quedarían en el centro después de la partida del forastero y en todo caso se le asignaría una noche a cada padre de familia para que haga guardia de los peligros de la noche. Claro estaba que no podía tomarse sin razón alguna y mucho menos dispararse, amenos que fueras el guardia o el padre.

Los días después de la partida del forastero fueron muy felices pues ya no tenían miedo y el día les rendía más con el uso de la noche. El segundo día de la guardia una bestia se acerco al pueblo, todos corrieron al lugar mas cercano y el guardia de un tiro le voló la cabeza, todos admirados por el poder y el sonido festejaron de nuevo, el único tema del que hablaban era del revolver. La tercera noche le tomo dos disparos al nuevo tirador para aniquilar a otra bestia. Fue cuestión de una semana para que los animales no se acercaran o mas bien se extinguieran por completo, los hombres sin conocimiento solo les tomo un encuentro y dos muertos para darse cuenta que habían perdido la guerra. Todo marcho como debería en un pueblo, los bares cerraban hasta tarde y los restaurantes también, los dedos de los tiradores se estaban mejorando, pues se habían lastimado ya que sabían que esa arma fue hecha para ninguno del pueblo y menos para ninguno de ellos. Un mesa paso sin que se usase de el revolver de nuevo, las cinco balas en su posición no traía paz a todos pues cada quien quería sentir el poder del revolver que solo siente pudieron sentir. Todos esperaban a ser guardias y que en su guardia llegasen los intrusos solo para dispararles y volarle los sesos en mil pedazos, todos incluso el padre que lo negaba con gran devoción. Por las noches mientras todos dormían y el cuidador dormía en la iglesia el padre tomaba el revolver. Lo miraba muy fijamente con el reflejo de la luna en el metal la observaba fascinado.


Fue un día que la tensión se rompió pues el guardia de la noche pasada juro haber visto a un animal igualito a los que habían matado hace un mes. Basto esas palabras para que todo el pueblo quisiera ser velador esa noche. Por el día el arma dormirá en el quisco y fue ahí donde empezaron a pelear dos de los mejores especimenes del pueblo, inteligentes y razonables sin dejar afuera el buen físico, perdieron la cordura, se peleaban enfrente del quisco sin nada de publico y fue en su ultimo respiro antes de morir que tomo el revolver y con su dedo mal acomodado apunto al estomago y le pego, la cabeza voló en mil pedazos, su entre pierna quedo destrozada y a los pocos minutos quedo murió desangrado. Ambos murieron y nadie dijo nada. Pronto las familias de sus respectivos querían vengarse a toda costa. Por el día mientras el arma dormía era fácil tomarla, y así lo hicieron una familia contra la otra, cada día era una muerte entre esas dos familias, el culpable era fácil de hallar pues el que tuviera la mano lastimada e hinchada al día siguiente era el que había jalado el gatillo.

Nadie podía dar un tiro acertado puesto que nadie podía tomar el revolver como debía de ser, el gatillo y la agarradera eran hechos para personas fuera de ese pueblo, ese pueblo muy peculiar donde vivía puro rechazado donde apenas se detectara uno era enviado al pueblo como un niño perdido, niños de todo el mundo llegaban, chinos, africanos, americanos, europeos, australianos y de los continentes que aun no se han descubierto, todos paraban ahí por la misma razón. Nadie podía dar un tiro acertado pero todos morían desangrados o de infección por el balazo. En el día todos pasaban por el quisco esperando la oportunidad pero de noche, ahora era cuando el nuevo cazador, nuestra nueva bestia acechaba, tomaba el revolver y disparaba en medio de los ojos, empezó por las familias en disputa hasta que no quedo nadie de las dos familias y todos se preguntaban quien habrá matado al ultimo de la cadena pues nadie tenia las manos marcadas, el revolver se puso bajo llave en la iglesia donde debería ir el cuerpo del señor y los días siguientes solo fueron peores porque todos asistían a misa incluyéndome, sin orar ni a escuchar la santa misa, solo asistían y se retiraban a deshoras, antes, durantes y después de las tres misas. Algo tan sorprendente pues jamás la gente del pueblo había entrado por placer.

Las noches siguientes solo estuvieron llenas de lagrimas y de sospechas pues otra persona murió. Culparon a los ayudantes y sirvientes del padre e incluso hasta a el padre mismo, pero nadie tenia pruebas de nada, era un caso sin salida, ningún día aprecia una mano hinchada pero siempre aparecía un cadáver intentando escapar y con un hueco entre los ojos, el disparo se escuchaba pero el arma siempre estaba en la iglesia cuando se le buscaba. Así fue desapareciendo gente, familias y cuadras completas. Por las noches se escuchaba un disparo y nada mas, la gente no dormía y por eso mismo y por el cansancio las mataban, asistían a las tres misas y aun así amanecían muertos. Yo por mi parte decidí huir de todo eso, los disparos me daban un dolor de cabeza y ver a los cuerpos me revolvía el estomago, no lo soportaba tenia que dejar a todos morirse, tenia que ser el único que se escapase aunque muriese en el camino, pues nadie en los demás pueblos dejaba viva a la gente adulta como nosotros, los mataban, les quitaban el ojo izquierdo y les cortaban la lengua.

Los muertos ya llevaban la mitad del pueblo, llegaron a matar dentro de la misma iglesia, los ayudantes murieron uno por uno, el tiro entre los ojos era un ritual, cuando mataron al ultimo de los ayudantes dejaron una nota: -Para limpiar este sucio pueblo.- En los días siguientes hubo tranquilidad, ningún muerto hasta que la hija de un campesino amaneció sin ojo y con la lengua cortada, el hueco entre los ojos fue hecho no para matarla sino para dejar claro que era la misma persona, se volvieron a establecer las guardias con diferentes veladores, pero aun así siempre amanecía alguien con los ojos cruzados, amanecía y todos lloraban, uno tras uno fueron cayendo hasta que quedaron cinco personas en el pueblo: el arriero, el carpintero, una ama de casa, el padrecito y yo. Todos dormíamos en la iglesia pero en habitaciones diferentes bajo llave. Jamás olvidare como encontré al Juan con clavos en todo su cuerpo y el tiro de gracia entre sus dos ojos azules. La noche siguiente tras haber encontrado al carpintero Verónica entro a mi cuarto el cual descuidadamente había dejado sin llave, yo pensé que era el asesino y que al fin sabría quien era el culpable pero no fue así, me la tire, sin poder concentrarme en nada de lo que pasaba me la tire. Se ahorco en su cuarto por la mañana, prefirió matarse a que la mataran entonces ese mismo día fue cuando decidí retirarme para que no me matasen. Tome mis pocas cosas y me largué, dejando a los cadáveres que una vez ame bajo tierra y a esos dos hombres a que murieron, pues yo sabia que seria el único que no moriría.

Era la ultima noche para uno de los dos y ambos lo sabían pero no sabían para quien, a las 3 A.m. la llave dio vuelta y se escucho como el revolver cortaba el aire, el habito negro contrastaba con el revolver brillante con la luna, Miguel el arriero se dio cuenta y forcejearon, el arma se disparo y le dio en el estomago a Miguel ambos cayeron al suelo, Miguel intentaba agarrar el revolver, con su mano derecha se tocaba el estomago y con la hábil mano izquierda se estiraba para cogerlo, el padre que no estaba lastimado la tomo enseguida, le apunto con la mano temblorosa y Miguel dijo con palabras cansadas y de enojo casi con rabia –¡dispárame hijo de puta! ¡Dispárame! ¡Dispárame entre los ojos para que sea el ultimo de tu juego!- pero no fue necesario disparar pues ya había muerto, el padre se sentó y miro el revolver, un bello modelo y reluciente, no se la podía acomodar pero la logro meter en su boca, después de intentar rezar una ultima oración, con el revolver entre sus labios y sus dientes la apretaban con fuerza. Jalo el gatillo. Sus sesos volaron en el altar. El Le Mat revolver cayo junto con la mano izquierda que la sostenía con dificultad, la mano se hinchó y dejo deslizar el revolver entre sus piernas.

Yo por otro lado fui el único que me salve, deje a los cadáveres bajo tierra y deje a los demás que se mataran, tal vez y pueda ser el único que pueda escapar y sobrevivir fuera de ese pueblo pues yo soy especial, soy diferente. No pertenezco ni a ellos ni a los otros pues yo soy de los dos, pero ellos no entenderían. Yo se que me las ingeniare para vivir afuera. Llegué al pueblo mas cercano y llegué en burro, la gente se emocionaba por ver a un burro, creo que jamás habían visto uno, me detuve en el centro del pueblo y pregunte - ¿en que pueblo me encuentro? Ya que no vi ningún letrero de camino aquí- todos callaron, nadie quería contestar por temor al miedo –entonces ¿Dónde puedo obtener una buena siesta y una buena y caliente comida?- un hombre alzo la voz – en mi casa te puedes quedar- estire mi mano derecha y dije –mucho gusto- el señor estiro su mano derecha y me apretó la mano. –Puedes poner a tu camellito en el corral y luego vienes a comer- yo para recalcar su ignorancia le dije –burro señor, se llama burro- el señor con cara ofendida me contesto – no pregunte como se llamaba tu camello, solo dije que lo podías llevar al corral- yo sonreí ya que para un ambidiestro la vida es mucho mas fácil.





8 comentarios:

Ponxo dijo...

Genial ajjajajaajaj

Muy bueno, muy bueno.

mikelo22 dijo...

deben de leerlo dos veces hahasha enserio

Anónimo dijo...

le final es sorprendente jaja

Anónimo dijo...

hahaha shit man
te exediste

Rogelio Rivero dijo...

SIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII


muy buena esa dude!!!! no ce porqué me recuerdas a juan josé arreola y su guardagujas, con este no ce ke escondiste peroo lo descifraré!!!!

Juan Pablo Galicia dijo...

Si nadie amanecía con la mano hinchada cuando se dio la racha de muertes sin culpable... el narrador es el culpable (por la facilidad de ser ambidiestro) jajaja, o me equivoco?

En fin, excelente trabajo. Me encanta el manejo que le das a las etapas que se van sucediendo a través de las muertes de las personas del pueblo.

Qué hubiera sido con un forastero zurdo?

mikelo22 dijo...

no podia haber un forastero zurdo....simplemente tenia que haber sido diestro...sino viviria ahi con los otros...no importa creo que es ovio quien era el asesino pero ese no es lo ma simportante o si?

Anónimo dijo...

haha muy bueno mike tu eres el asesino de utopias zurdas!